El Fandango

El Fandango

El fandango, ha sido, es y sigue siendo, una seña de identidad de Huelva. En esta provincia siempre ha habido una especial inclinación por este cante y, para muchos artistas y flamencólogos, sólo en este lugar se le da el sello característico, aunque pueda ser interpretado por cualquiera. Siempre se ha dicho que hay algunos palos que son más propios de un lugar y en este caso la simbiosis entre fandango y Huelva es perfecta.

Por ello, Huelva siempre ha sido bastante más conocida por el fandango que por otros palos del flamenco. Hubo artistas, ya en el siglo XVIII  que cantaban estas pequeñas piezas en bares y tabernas, sobre todo en los alrededores del puerto y en las fondas de los corsarios que venía de la sierra, pero no llegaron a la capital para quedarse hasta un poco más tarde, en el siglo XIX, consolidándose definitivamente en el s.XX. El fandango venía principalmente del Andévalo y la sierra, aunque sin olvidar que Alosno es la referencia obligada. En esas zonasse cantaban e, incluso en Encinasola, aún se baila.

Según R. Molina y A. Mairena “El mundo de estos fandangos es triple: Se inspira en tres temas principales: el mar, el campo y los pueblos. El mar con sus barcos, el campo con sus labores, su caza y sus caballos; el pueblo con sus personajes populares, sus historias y anécdotas locales… Todo, incluso el amor, está sentido en función de la geografía y proyectado sobre el entrañable escenario familiar de la patria chica”.

Pero, a pesar de su gran avance, durante finales del siglo XIX y principios del XX  por toda la geografía, el fandango fue relegado como un género menor del flamenco. Diversos cantaores de Huelva se quejaron durante años de que se les decía que en esta provincia, “solo se cantan fandangos”, pero llegando incluso a decirlo de manera despectiva, como dice Manolo Limón ‘El Buche’, “como diciendo que aquí no se sabía cantar bien otra cosa”. Pero llegando incluso a opiniones tan relevantes como la de José Gómez Hiraldo, que dedica al fandango de Huelva las siguientes palabras: “Hay un enigma raro, sin desentrañar aún por nadie, que deja al fandango de Huelva, como a tantos cantes flamencos, colgados de la duda interpretativa de su origen, sin que se sepa dónde está la matriz que gestó y dio luz a este cante señero, bello y representativo. Se le achacan orígenes inciertos y vive como un hijo espúreo del flamenco al que se menosprecia y desacredita por obra y gracia de la mistificación y falseamiento de que ha sido objeto por parte de los que, sin conocerlo, lo han interpretado a su aire, dándolo a conocer como una piececilla a son de charanga y murga que cualquiera podía cantar”.

Sin embargo, gracias a los nombres ilustres que hicieron de este cante su santo y seña, se le fue dando al fandango el lugar que le correspondía y que hoy ocupa. Ya no hay cantaor que no intente terminar o rematar su actuación ‘atreviéndose’ con uno o varios fandangos en cualquier lugar del mundo.

Gran parte de esta ‘culpa’ se debe a la creación de las primeras peñas flamencas onubenses, sobre todo a la de Huelva, que desde sus orígenes se preocupó por recopilar e incluso grabar los fandangos tradicionales de Huelva, con su variedad de estilos.

Figuras:

Más que hablar de estilos habría que mencionar a sus cantaores, ya que cada uno le puso su impronta particular, dándole el nombre, habría que citar a Tío Nicolás, el de las patillas; la Conejilla; Manuel Pérez; Juan María Blanco; Bartolo el de la Tomasa; Manolillo el Acalmao; D. Marcos Jimenez; Antonio Abad; Juan Rebollo y Juana María. Los hermanos Toronjo, en las décadas de los sesenta y setenta, llevaron el fandango a todos los confines y faltarían en la lista Paco Isidro, Rebollo y Rengel.

Pero, claro, no solo hay fandangos en Huelva, aunque esta tierra tenga a gala ser la provincia de Alosno ‘cuna del fandango’; también en Almería o Granada y pueblos como Lucena los han ‘adoptado’ por decirlo de alguna manera y tienen su propio estilo.

Entre la enorme cantidad de cantaores que han hecho aportaciones personales al mundo del fandango señalamos los más conocidos:  El Gloria, José Cepero, Manuel Vallejo, Pepe Marchena, Macandé, Frasquito Yerbagüena, Niño de Cabra, El Almendro,  Juan Breva,  Pepe Pinto,  El Bizco Amate, El Carbonerillo, Caracol, El Sevillano, Niño de la Calzá, Palanca, Aznalcóllar, El Corruco de Algeciras, Fregenal,  Porrinas,  El Cabrero, Camarón y Enrique Morente, entre otros.

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